TESTIMINIO ANTONIO Y LAURA LANGA

Nuestra relación fue desde un principio bastante fuera de lo común, apasionada y apresurada; nos reencontramos luego de muchos años sin vernos y empezamos una relación de noviazgo de inmediato. Nos casamos a los nueve meses. Los problemas fueron asomándose desde un principio y enfrentamos diversas batallas del enemigo de las cuales las dos más fuertes fueron infidelidad e infertilidad. Para unos recién casados, esto es algo que sacude los cimientos fuertemente y abate al más fuerte, no obstante siempre hubo una mano que nos mantuvo firmes y aun en las peores de las circunstancias podemos decir que la comunicación y la complicidad uno con otro siempre estuvo presente.

El milagro llegó y tuvimos nuestros mellizos, y no mucho después llegó nuestro tesorito más pequeño. A los cuatro años de casados ya éramos una gran familia de tres hijos y dos padres con una gran mochila llena de cadenas, yugos, traumas, miedos, maldiciones y profundas heridas. Era de esperarse que el enemigo empezara a asomar su cabeza y a activar todo aquello que había estado silente en nosotros. La infidelidad causó sus estragos y en diciembre del año 2014 ya la situación era intolerable.

Éramos dos seres totalmente extraños que ya no recordábamos porque estábamos juntos; Antonio empezó a caer profundo en esa telaraña del diablo y ya su alma no estaba en el hogar, estaba completamente cautivado por el diablo. Yo, caí en una prisión de amargura, odio, rencor, ira y el espíritu de suicidio intento seducirme.

Nuestro hogar se convirtió en un campo de batalla en donde no podíamos entendernos, en donde ya no había respeto, no había complicidad y no había sentido de compromiso. Se interpuso el espíritu de divorcio entre nosotros y ahí empiezan a descubrirse cosas que habían estado ocultas, pero que en realidad ya eran evidentes.

En su infinita misericordia el Señor ya para esta etapa del problema me había guiado a nuestra Casa, Monte de Dios. Gracias al libro de la Profeta Montserrat Bogaert (En la Brecha) entendí que podía batallar mi matrimonio en lo espiritual (que era donde realmente había iniciado el problema) y que debía defender el sacerdocio de Antonio. En las oraciones de las cinco de la mañana puedo decir que libré mis mayores batallas, hasta el punto, en que enfermé de gravedad de los riñones como resultado de la intención tan grande que tenía el diablo de robarse mi matrimonio y anular el gran propósito de mi esposo. Nació una intención de intentar arreglarnos, Antonio propuso un psicólogo pero aún no había un real arrepentimiento, en la superficie estaba todo tranquilo pero en la profundidad de nuestros corazones había heridas demasiado profundas.

No sabemos decir en qué momento preciso Dios tocó a Antonio, pero sí sé que de repente puso en él un anhelo, un hambre, una necesidad enorme por Dios. Hasta llegué a cuestionar esa curiosidad por Él y pensé que tal vez era una de sus artimañas para irse a ver con alguna mujer. Todo parecía estar encaminándose y Dios lo estaba transformando de una forma sigilosa pero rápida, tan rápidamente que ni siquiera nos dimos cuenta. Yo aún batallaba en oración y seguía pidiéndole a Dios que lo llamara para el lugar que Él tenía guardado para él, que no lo quería para mí, que lo quería para Él. De alguna forma lo convencí para que hiciera el discipulado conmigo y ahí empezó todo, vino a un servicio de miércoles y desde ahí su corazón supo que este era su hogar. Nació un hombre nuevo, un hijo, un sacerdote.

Desde ese momento, Dios restauró realmente nuestro matrimonio, aprendimos a olvidar y a perdonar. Sanó nuestros corazones, rompió cadenas y maldiciones generacionales de infidelidad. Ya para cuando llega Plenitud 2015 estábamos casi restaurados, pero allí fuimos sellados como Suyos, como una pareja consagrada para el Dios Todopoderoso que hizo un gran milagro en nosotros. Allí entendimos el por qué teníamos que pasar por todo lo que pasamos, fue para servir de testimonio para otros y poder ayudarlos.

Entendimos que al matrimonio venimos con una mochila y que está cargada de minas porque entramos a la relación con mentiras y engaños. Aprendimos que somos cómplices, compañeros, que estamos en un Pacto con Dios y que debemos comprometernos a respetar ese pacto en todo momento. Aprendimos a entender el valor que tenemos como matrimonio.

El regalo más hermoso que hemos recibido posterior a eso fue poder casarnos frente a Dios el 18 de diciembre del 2015, que resulta que es el mismo día en que habíamos decidido divorciarnos un año antes. Ciertamente Dios es un Dios de detalles y es FIEL.

Retiro de Parejas

Plenitud 2017