TESTIMINIO DEIVIS Y CRISTINA GONZÁLEZ

Deivis, en medio de un difícil proceso de divorcio y de dos años y medio de estar viviendo en casas separadas mi esposa y yo llegamos a la iglesia, yo con una vida llena de lascivia y mucha promiscuidad, vivía en una familia disfuncional donde mis padres se separaron desde que tenía 11 años de edad y me quede viviendo con mi Papá. Fruto de la ausencia y el vacío de mi madre a muy temprana edad comencé a tener relaciones sexuales con personas hasta 15 años mayores que yo, a todo esto se debía el desorden sexual que acarreaba en mi vida y llevando a la destrucción a mi matrimonio.

Cristina, vengo de una familia disfuncional donde tuve que trabajar bien duro para ayudar a levantar a mi familia y donde el lema que predominaba era que las mujeres eran las que mandaban, al punto de que antes de casarme había dicho que nos casaríamos por cinco años y que si funcionaba bien, renovábamos y sino, pues nos divorciamos y punto. Era notorio que el problema principal era que poseía un espíritu de Jezabel, de independencia, de rebeldía, ignorando todo lo que Dios requería de una mujer en su rol de “Idónea”.

Antes de aceptar al Señor vivíamos una vida desordenada, donde en apariencias estábamos bien pues cada uno estaba por su lado haciendo lo que le placía, pero nuestros hijos pagando un alto precio, para ese entonces teníamos 5 y cada uno de ellos mostraba una dificultad diferente: deficiencias en la escuela, enfermedades de distintos tipos (recuerdo que parte de nuestro presupuesto quincenal se invertía en la botica y farmacia en abastecerme anticipadamente de medicamentos), rebeldes, depresivos, maltratos físicos y verbales entre hermanos. En fin teníamos un completo caos.

A nivel financiero no lográbamos avanzar, éramos empleados, y pese a que teníamos buenos salarios, nunca experimentamos algún crecimiento en nuestras vidas.

“Por alguna curiosa razón” cuando salió la sentencia del trámite de divorcio iniciado antes de nuestra llegada a la Iglesia, la misma fue emitida con un error en uno de los nombres donde se citaba al Conyugue, y la misma no se podía publicar con dicho error, sino que hubo que someter dicha sentencia a un proceso de corrección, tiempo en que Dios llegó a nuestras vidas, revelándonos su pacto y los planes que Él tenía para nuestra familia.
A partir de que tomamos la decisión de “andar en obediencia en el Señor”, todo comenzó a cambiar. Nuestro primer acto de obediencia juntos fue parar el divorcio, aun sin sentir nada el uno por el otro, pues ese proceso había lacerado tanto nuestros corazones que no albergábamos ninguna clase de sentimiento el uno por el otro, no había ni el recuerdo de los que nos unió una vez. Pero Dios premio nuestra obediencia, pues tan solo dos meses después de estar asistiendo a nuestra iglesia, Dios nos confirmó que debíamos volver a unirnos, a través de una Palabra dada por nuestro Apóstol, y con ella la confirmación de que habíamos hecho lo correcto.

Ese mismo año nos enteramos de las bodas que la casa celebra tomamos la decisión de hacer pacto con Dios entregando nuestro matrimonio a El y de ahí en adelante todo cambió en nuestro matrimonio, recibiendo tantas bendiciones que estaban detenidas y muchas que nos habían sido robadas, llegando al punto, que entendemos que al Señor se le ha pasado la mano con nosotros:

1. Puso amor en nuestros corazones, como nunca antes.
2. Podemos contar con una mano las veces que hemos hospitalizado a alguno de nuestros hijos.
3. A nuestros Hijos les va bien en el colegio.
4. Ya vivimos en casa propia, sin deudas.
5. Dios nos dio un negocio propio.
6. Nos ha devuelto la estabilidad invaluable en nuestro matrimonio y el favor y gracia de poder criar a nuestros hijos bajo la unidad del acuerdo, con la cobertura del Dios altísimo, que día a día nos demuestra su fidelidad, por medio de los frutos que vemos en sus vidas.

Hoy tenemos el privilegio de servir a Dios a través de la Visión “Monte de Dios” dada a nuestros Padres Espirituales (el Apóstol y la Profeta Bogaert), en donde hemos crecido de manera firme en el temor de Dios y hemos sido equipados como líderes para levantar con nuestro testimonio a otras personas de nuestro circulo de influencia.

Retiro de Parejas

Plenitud 2017