Familia Marte
25 Jun 2017

Familia Marte

Llegamos a la iglesia en el año 2012 con un hogar destruido.  Con 11 años de casado. Pasando por un episodio de infidelidad de mí parte.  Yo me alejé de Dios, de la iglesia, y empecé a ligarme más y más a mis “amigos” y comencé a descuidar a mi matrimonio.

 

Lillian:

Yo solo quería divorciarme, pero él se enamoró más de Dios. Ya yo no lo veía como hombre, sólo como mi proveedor, como un amigo, pero no como un compañero. Yo era una Jezabel en todo el sentido de la palabra, era muy orgullosa, no me importaba durar días y hasta semanas sin hablarle, tenía mi agenda aparte a la de él.  Salía para todas partes y mi felicidad era no decir a dónde ni con quién andaba.  Vivía mi vida como quería.  A mis hijas no les daba la atención que merecían, no les daba amor, no pasaba tiempo con ellas, no las conocía. Vivíamos bajo un mismo techo pero todos en su propio mundo, lo único que yo quería era estar libre de obligaciones para hacer lo que quisiera.

Unos días después que anunciaron el retiro Plenitud, le pregunté si podíamos ir, pero yo lo ví como un escape, como unas mini vacaciones para mí sola, nunca para el deleite de los dos.  En el mismo instante que nos subimos al autobús empezó la ministración. Los que tenían la dinámica nos dijeron que teníamos que estar agarrados de las manos siempre (yo me reía, pero era muriéndome, eso no me gustaba, me sentía presa) y así fue, él me agarró y nunca más me soltó.

 

La primera conferencia solo esperaba que dijeran mi nombre, porque cada palabra, cada consonante que se decía en ese mensaje, era para mí, y durante este tiempo nunca dejé de llorar. Le pedía perdón a mi esposo, pero era como si me acuchillaba yo misma cada vez que decía esa palabra. Me quería morir porque veía el dolor en sus ojos.  Cada una de las conferencias me confrontaba, y ministraba más y más a mi vida,  y empecé a sentir vergüenza por mi comportamiento con él y con Dios.

 

Me sentía acusada por tanto dolor que le causé, y entendí que no es como te enseñan en la casa, que no es solo sexo o tener una casa bonita, es ser ayuda idónea y eso lo he aprendido después de plenitud.   Allá empecé a conocerlo mejor, me enteré cuál es su color favorito, su comida favorita, pequeños detalles que desconocía e ignoraba, y que desde ese momento me importaron y se volvieron prioridad.  Desde ese año mi matrimonio se ha ido restaurando.

 

En el año 2014, él estaba de servicio en la iglesia y me hizo una llamada que me puso muy feliz. Me dijo: nos casamos en la próxima boda colectiva.  Esa fue la mayor sorpresa de mi vida, porque siempre había soñado con vestirme de blanco y que me llevara al altar.  Empecé a llorar y a darle gracias a Dios. Hoy puedo decir que mi vida, mi familia y mi matrimonio han sido transformados después de un Retiro de Parejas “Plenitud”. Hoy nuestra familia está en orden, nuestras hijas sirven en la casa, estamos muy felices!!!

 

Juan Francisco:

Yo era un hombre con mucho orgullo, muy independiente, me gustaba hacer las cosas porque entendía que solo así podían salir bien.  Descuidé mi matrimonio, mi orgullo estaba destruyendo mi matrimonio, la situación llegó a un punto tan grave que la única solución o escape a mi situación matrimonial era el suicidio o la muerte. El 06 de enero del 2012, tomé la decisión de poner fin a mi vida, dejando atrás toda pena, todo dolor, toda desilusión y fracaso matrimonial, aunque mis pensamientos eran de muerte y destrucción, los pensamientos de Dios eran otros; el propósito de Dios para conmigo y mi matrimonio era otro.

Ese día, de una manera divina, llegué ese sábado en la noche a la Iglesia Monte Dios, fui impactado.  Al otro día, fui al 3er. Servicio y escuché del Retiro de Parejas “Plenitud”. Mi esposa y yo fuimos a ese retiro, y cada una de las enseñanzas e imparticiones  impactaron nuestras vidas. Nos identificamos con cada conferencia y aprendimos cuál es la función y el propósito de un matrimonio bajo el gobierno de Dios.

 

Nos perdonamos, y hoy damos gracias a Dios porque el retiro de plenitud marcó un antes y un después en nuestras vidas.  En el 2014 pusimos nuestro matrimonio en el orden de Dios e hicimos pacto en las bodas colectivas, esto puso el sello que nos faltaba como matrimonio y hoy puedo testificar que los cielos se abrieron en favor de nuestro matrimonio.  Hoy somos una familia bendecida.

 

Plenitud es una inversión en el matrimonio que producen frutos y resultados EXTRAORDINARIOS.


admin

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